El stress, causa de envejecimiento precoz
  Prof. Dr. César Sánchez y Prof. Dra. Ursula Tropper

Una de las principales causas de aflicción del mundo contemporáneo es el estrés, ya que constituye junto a las patologías con él relacionadas el 75% y el 90% de las consultas médicas.

Es una patología emergente en el área laboral, que tiene una especial incidencia en el sector servicios, siendo el riesgo mayor en las tareas en puestos jerárquicos que requieren mayor exigencia y dedicación.

Estrés (del inglés stress, ‘tensión’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.
En la actualidad han cobrado auge las teorías interaccionistas que plantean que el estrés es el resultado de la interacción entre las características de la persona y las demandas del medio. Es decir, que es una respuesta automática del organismo -a cualquier cambio ambiental, externo o interno- mediante la cual se prepara para hacer frente a las posibles demandas que se generan como consecuencia de la nueva situación. Por lo tanto, el estrés no es algo "malo" en sí mismo, al contrario; facilita el disponer de recursos para enfrentarse a situaciones que se suponen excepcionales.
Estas respuestas favorecen la percepción de la situación y sus demandas. El procesamiento más rápido y potente de la información disponible, posibilita mejor búsqueda de soluciones y la selección de conductas adecuadas para hacer frente a la situación, preparando al organismo para actuar de forma más rápida y vigorosa. Dado que se activan gran cantidad de recursos (incluye aumento en el nivel de activación fisiológica, cognitiva y conductual); supone un desgaste importante para el organismo. Si éste es episódico no habrá problemas, pues el organismo tiene capacidad para recuperarse, pero si se repiten con excesiva frecuencia, intensidad o duración, pueden producir la aparición de trastornos psicofisiológicos.

Desde 1935, Hans Selye (considerado padre del estrés) introdujo el concepto de estrés como síndrome o conjunto de reacciones fisiológicas no especificas del organismo a diferentes agentes nocivos del ambiente de naturaleza física o química. Es un fenómeno que se presenta cuando las demandas de la vida se perciben demasiado difíciles. La persona se siente ansiosa y tensa y se percibe mayor rapidez en los latidos del corazón.

El estrés es la respuesta del cuerpo a condiciones externas que perturban el equilibrio emocional de la persona. El resultado fisiológico de este proceso es un deseo de huir de la situación que lo provoca o confrontarla violentamente. En esta reacción participan casi todos los órganos y funciones del cuerpo, incluidos cerebro, los nervios, el corazón, el flujo de sangre, el nivel hormonal, la digestión y la función muscular.

En principio, se trata de una respuesta normal del organismo ante las situaciones de peligro donde el organismo se prepara para combatir o huir mediante la secreción de sustancias como la adrenalina, producida principalmente en las glándulas suprarrenales. La adrenalina se disemina por toda la sangre y es percibida por receptores especiales en distintos lugares del organismo, que responden para prepararse para la acción:

  • El corazón late más fuerte y rápido.
  • Las pequeñas arterias que irrigan la piel y los órganos menos críticos (riñones, intestinos) se contraen para disminuir la pérdida de sangre en caso de heridas y para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos).
  • La mente aumenta el estado de alerta.
  • Los sentidos se agudizan.

Utilidad del stress
En condiciones apropiadas (si estamos en medio de un incendio, nos ataca una fiera, o un vehículo está a punto de atropellarnos), los cambios provocados por el estrés resultan muy convenientes, pues nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.

Hay tres tipos distintos de causas o factores estresógenos:

    • Internas: indecisiones, miedos, ansiedad, rigidez mental, pesimismo.
    • Entorno: ruidos, aglomeraciones, exigencias, relaciones, hábitat.
    • Fisiológicas: adolescencia, envejecimiento, enfermedad, cambio de dieta, menopausia.

El problema del estrés
Lo que en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un enemigo mortal cuando se extiende en el tiempo. Para muchos, las condiciones de hacinamiento, las presiones económicas, la sobrecarga de trabajo, el ambiente competitivo, etc., son circunstancias que se perciben inconscientemente como amenazas. Esto les lleva a reaccionar a la defensiva, tornándose irritables y sufriendo consecuencias nocivas sobre todo el organismo:

  • Elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial).
  • Gastritis y úlceras en el estómago y el intestino.
  • Disminución de la función renal.
  • Problemas del sueño.
  • Agotamiento.
  • Alteraciones del apetito.

Reacción general de adaptación al estrés
El Profesor Hans Selye, científico eminente, un pionero en el ámbito de la investigación sobre el estrés, ha creado el concepto de una reacción general de adaptación al estrés. Este concepto revela 3 fases fundamentales de reacción al estrés.

  • Fase A o de reacción de alarma. todas las facultades del organismo se encuentran en su estado de movilización general, pero sin que algún sistema orgánico en particular quede implicado.
  • Fase B o de adaptación o de resistencia: es cuando el estrés persiste durante un período de tiempo suficientemente largo y el organismo se habitúa al mismo. La reacción del estrés se dirige hacia el órgano o la función fisiológica mejor capacitada para tratar o suprimir al mismo.
  • Fase C o de agotamiento: cuando la energía necesaria para la adaptación es limitada y el estrés se mantiene, puede ocurrir que el organismo entre en esta fase de agotamiento. Es cuando el órgano o bien la función encargada de enfrentar al estrés queda vencido y se desmorona.

Fisiopatología del estrés
En los estudios fisiopatológicos se pueden identificar por lo menos los siguientes tres grados en el modo de producción del estrés:
1) Reacción de Alarma: El organismo, amenazado por las circunstancias, se altera fisiológicamente por la activación de una serie de glándulas, especialmente en el hipotálamo y la hipófisis y las glándulas suprarrenales.
El cerebro, al detectar la amenaza o riesgo, estimula al hipotálamo quien produce "factores liberadores" que constituyen substancias específicas que actúan como mensajeros para zonas corporales también específicas. Una de estas substancias es la hormona denominada A.C.T.H. (Adrenal Cortico Trophic Hormone) que funciona como un mensajero fisiológico que viaja por el torrente sanguíneo hasta la corteza de la glándula suprarrenal, quien bajo el influjo de tal mensaje produce la cortisona u otras hormonas como los corticoides.
A su vez otro mensaje, que viaja por la vía nerviosa desde el hipotálamo hasta la médula suprarrenal, activa la secreción de adrenalina. Estas hormonas son las responsables de las reacciones orgánicas en toda la economía corporal.
2) Estado de Resistencia. Cuando un individuo es sometido en forma prolongada a la amenaza de agentes lesivos físicos, químicos, biológicos o sociales, el organismo -si bien prosigue su adaptación a dichas demandas de manera progresiva- puede ocurrir que disminuya sus capacidades de respuesta debido a la fatiga que se produce en las glándulas del estrés. Durante esta fase suele ocurrir un equilibrio dinámico u homeostasis entre el medio ambiente interno y externo del individuo.
Así, sí el organismo tiene la capacidad para resistir mucho tiempo, no hay problema alguno, en caso contrario sin duda avanzará a la fase siguiente.
3) Fase de Agotamiento. La disminución progresiva del organismo frente a una situación de estrés prolongado conduce a un estado de gran deterioro con pérdida importante de las capacidades fisiológicas y con ello sobreviene la fase de agotamiento en la cual el sujeto suele sucumbir ante las demandas, pues se reducen al mínimo sus capacidades de adaptación e interrelación con el medio.

Los diferentes tipos de estrés
El tratamiento del estrés puede ser complicado y difícil porque existen diferentes tipos de estrés:

  • Estrés agudo.
  • Estrés agudo episódico.
  • Estrés crónico.

Cada uno tiene sus propias características, síntomas, duración y distinto tratamiento. Veamos cada uno de ellos.
Estrés Agudo. Es la forma de estrés más común. Proviene de las demandas y las presiones del pasado inmediato y se anticipa a las demandas y presiones del próximo futuro. El estrés agudo es estimulante y excitante a pequeñas dosis, pero demasiado es agotador. Por ejemplo, un descenso rápido por una pista de esquí de alta dificultad por la mañana temprano puede ser muy estimulante; por la tarde puede añadir tensión a la acumulada durante el día; esquiar por encima de las posibilidades puede conducir a accidentes, caídas y sus lesiones. De la misma forma un elevado nivel de estrés agudo puede producir molestias psicológicas, cefaleas de tensión, dolor de estómago y otros muchos síntomas.
Puesto que es breve, el estrés agudo no tiene tiempo suficiente para producir las grandes lesiones asociadas con el estrés crónico. Los síntomas más comunes son:

  • Desequilibrio emocional: una combinación de ira o irritabilidad, ansiedad y depresión, las tres emociones del estrés.
  • Problemas musculares entre los que se encuentra el dolor de cabeza tensional, el dolor de espalda, el dolor en la mandíbula y las tensiones musculares que producen contracturas y lesiones en tendones y ligamento.
  • Problemas digestivos con molestias en el estómago o en el intestino, como acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome del intestino irritable.
  • Manifestaciones generales transitorias como elevación de la presión arterial, taquicardia, sudoración de las palmas de las manos, palpitaciones cardíacas, mareos, migrañas, manos o pies fríos, dificultad respiratoria y dolor torácico.

El estrés agudo puede aparecer en cualquier momento de la vida de todo el mundo, es fácilmente tratable y tiene una buena respuesta al tratamiento.

Estrés Agudo Episódico. Existen individuos que padecen de estrés agudo con frecuencia, cuyas vidas están tan desordenadas que siempre parecen estar inmersas en la crisis y en el caos. Van siempre corriendo, pero siempre llegan tarde. Si algo puede ir mal, va mal. No parecen ser capaces de organizar sus vidas y hacer frente a las demandas y a las presiones que ellos mismo se infringen y que reclaman toda su atención. Parecen estar permanentemente en la cresta del estrés agudo.
Con frecuencia, los que padecen estrés agudo reaccionan de forma descontrolada, muy emocional, están irritables, ansiosos y tensos. A menudo se describen así mismos como personas que tienen "mucha energía nerviosa". Siempre tienen prisa, tienden a ser bruscos y a veces su irritabilidad se convierte en hostilidad. Las relaciones interpersonales se deterioran rápidamente cuando los demás reaccionan con hostilidad real. El lugar de trabajo se convierte en un lugar muy estresante para ellos.
El estrés crónico. Son tres los síntomas que pueden hacer pensar que nos encontramos ante un síndrome de estrés crónico o burn out. Estos tres síntomas son: el agotamiento emocional, la despersonalización y la pérdida de realización personal.
El agotamiento emocional se empieza a notar cuando la persona ante la actividad laboral empieza a tener sensaciones de aburrimiento, pérdida de interés y disgusto ante sus obligaciones laborales. En este estadio la persona intenta modificar su situación. Si esta modificación no se consigue se producirá una sensación de indefensión.
La despersonalización. En esta fase se produce un desinterés manifiesto por las actividades laborales que se va extendiendo a otros ámbitos de la vida. Llega un momento en que la persona se culpabiliza por la situación que está viviendo. El estado de ánimo es bajo y se empiezan a generar sentimientos de hostilidad.
Pérdida de la realización personal. Esta fase se caracteriza por tener una sensación generalizada de que nada vale la pena y que es imposible mejorar las cosas. En este momento se pierde la ilusión por el propio trabajo.
La persistencia del individuo ante los agentes estresantes durante meses o aún años, produce enfermedades de carácter más permanente, con mayor importancia y también de mayor gravedad. El estrés genera inicialmente alteraciones fisiológicas, pero su persistencia crónica produce finalmente serias alteraciones de carácter psicológico y en ocasiones falla de órganos blanco vitales. A continuación se mencionan algunas de las alteraciones más frecuentes:
Emocionales. Ansiedad - Accidentes - Frustración - Insomnio - Agresividad - Disfunción Familiar -Trastornos Sexuales - Disfunción Laboral - Adicciones - Conductas antisociales.
Enfermedades. Dispepsia - Gastritis - Colitis Nerviosa - Migraña - Depresión - Hipertensión Arterial - Infarto al Miocardio - Trombosis Cerebral - Conductas antisociales - Neurosis de angustia - Psicosis Severas.
El estrés es el divorcio entre las expectativas y la realidad. Por lo tanto, cuanto más expectativas uno tenga sobre algo o alguien y cuánto menos percibamos que la realidad coincide con ellas, más se genera tensión. Si uno aprende a vivir cada día regocijándose con lo que tiene y disfrutando del camino que nos lleva a lo que queremos conseguir, habremos aprendido el arte del buen vivir y a no dar cabida al estrés.